La Cima de la Montaña
Un pequeño cuento, dedicado…creado…gestado…y completado
-Rod-

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La Cima de la Montaña
Aut vincere aut mori
Era domingo y había dejado de llover, así que opté por caminar un poco. Vi la montaña, la vieja montaña que desde que era muy pequeño me había desafiado. Decidí subirla, pues era domingo y había dejado de llover. Decían los que saben, pues yo de mucho se nada y de nada se lo mismo, que en la cima de la vieja montaña uno encontraría su más grande miedo, no supe que, pero algo me obligó ese domingo, falto de lluvia, a subirla. Cuándo era niño, mi madre me dijo: nunca subas ahí, si lo haces, no volverás siendo el mismo…y eso, si es que regresas. Algunos, los supersticiosos y fantasiosos, decían que era el mismísimo diablo quien habitaba allá arriba, yo no lo creo, pues al diablo todos lo tenemos un poco adentro y nada más. Decían otros que era una dama quien moraba en las alturas, la más hermosa de todas sin duda, la misma muerte. Yo, tampoco lo creo, pues la muerte es como un beso, es una pausa, es dejar de existir para ser algo más; simplemente con su fria mano nos ayuda a dar el brinquito, de un lado al otro y somos solamente eso, algo más. Aunque, a nosotros los viejos a pesar de que lo coqueteamos a la muerte en realidad queremos un poquito más de tiempo, no siempre sabemos para que pero a final de cuentas, lo queremos. Aunque, pensándolo bien, todo el mundo quiere más tiempo, aunque tampoco sepan con que objeto…como si los semejantes ochentaytantos de vida que tienen, o los quince..veinte, tal vez cincuenta no les basten. No son más que una bola de ciegos, que no se fijan en si estarán aquí mañana. Tal parece que no saben apreciar su tiempo, no importa cuanto se caigan, no aprenden, por eso los veo y por eso me río de ellos, pues se niegan a ver…se niegan a aprender; Y ahora resulta como dice la parábola, que en el ocaso de su vida, piden más tiempo pues el que ya desperdiciaron, no les bastó…que descaro. Creo eso es, el por que me alejé de ellos. Sepan, que nadie se muere de soledad, sino que se mueren por que prefieren escapar antes de aguantarse a si mismos e incluso, solo el verse en el espejo es ya demasiada carga para ellos, por eso prefieren morir…si, aunque usted no lo crea; tanto el vivir es una elección, como lo es el morir, pues para morir hay que ganarse el derecho, nada en este mundo es gratuito, ni la muerte misma, pues nos pide una cosa a cambio de su frio y seductor beso: haber vivido cada día, literalmente, estar bien vivos cuando nos hace su breve o no tan breve visita.
No había nadie en las calles, lo cual era extraño, pues era domingo y había dejado de llover. Niños y adultos estaban en sus casas, en sus trabajos y labores, en el frenesí de lo que ellos llamaron tiempo, se habían olvidado de vivir. Se dedicaron solamente a memorizar datos y números, les aterraba atreverse a vivir haciendo lo que amaban. Supongo que no los puedo culpar, pues a pesar de todo son humanos y temen; temen tanto al dolor como al amar, temen fracasar pero temen aun más al éxito. No es su más grande miedo el ser inadecuado, sino, el ser tan capaz y poder ir más allá de su más grande sueño. Son humanos y por eso, cada momento es tan valioso pues no tendrán otro en reposición.
Era domingo, había dejado de llover y el camino a la vieja montaña estaba más despejado que nunca. En mi soledad encontré la paz, pues no fui humano, no pude serlo o al menos, nunca me quise ver como tal. El camino estaba despejado, vacío y un poco frió pero solo un poco. Un instante, un momento de paz. Si bien, un segundo es toda una vida, una eternidad es un instante tan fugaz como falaz, pero a fin de cuentas, solo es un momento…pequeñito, asi que podemos otorgarnos semejante indulgencia. La cima no estaba lejos y el trecho de subida no fue en realidad tan difícil, lo que si lo fue y lo sigue siendo es llegar el punto en el que solo resta esperar, pues elegir no es ya un privilegio que la vida nos concede. Hay ocasiones en las que uno simplemente deja de intentar, eso, ha sido lo difícil del trecho de mi vida…darme cuenta que debí hacerlo y no lo hice. Sin embargo, al final ya nada de eso importa, estando ya en donde estoy y donde algún día llegarán si tienen la misma suerte y fortuna que yo, nos basta saber que nuestro tiempo fue valioso no solo para nosotros sino también, para alguien más aunque sea de la manera más insignificante, eso nos da cierta cordura…o sentido a nuestra propia locura, como fuere lo quieran ver.
Caminé por no se cuanto tiempo, soy un viejo y a mi edad el “cuanto” importa poco. Uno se da cuenta que todo lo que alguna vez fuimos, somos, nos convertimos y tendremos, es eso que de manera arrogante y temerosa llamamos tiempo. En su medición nos perdemos y lo negamos, y al final del día nunca fue suficiente. No somos más que seres dotados de eso…si, de tiempo. Pero, como nada en esta vida es gratis, a cambio del mucho o del poco tiempo que se nos otorga, viene una responsabilidad…vaya descaro, pues debemos darle sentido y sustancia al regalito que nos cayó encima, hayámoslo pedido o no…que jugarreta más audaz, digo yo.
La cima no estaba lejos pero el cansancio se hacía presente, después de todo en cualquier camino que emprendamos siempre hay dos pasos que requieren mayor esfuerzo y sacrificio que todo el proceso: el principio y el final. Todo se volvía más claro, la rayos de luz danzaban ante mis ojos, el frío se disipaba y todo era solo un poco más tranquilo. El silencio ya casi inexistente en el mundo fue una de las gratas sorpresas de la cima. Ni la muerte, ni el diablo esperaban el final de semejante trecho aunque nos guste imaginar que la fatalidad acecha en cada esquina, aunque es en realidad el fracaso o el éxito lo que nos aterra, o más bien, nosotros mismos. Caminé lentamente pues no quería perturbar a quien se encontrara allí, aunque probablemente solo eché a volar la poca imaginación que aun me quedaba… apreciando la paz que vino del momento…pues la vida se llena de eso, de momentos. No había nada, absolutamente nada; me supongo así nacen los cuentos, cuentos que mecen al hombre, lo duermen y crean sus temores, de la imaginación y la nada, para escapar del mundo pues ya nada nos queda y todo es lo mismo. Sin embargo, algo había…si, ahí, un poco más allá de la primera impresión de una mente y ojos cansados…si, ahí..un poco más atrás del árbol y a unos centímetros de la piedra. Tal parece no solo el exterior nos engaña sino que nos gusta o nos parece cómodo engañarnos a nosotros mismos, vaya paradoja, pero así son las cosas. Son pocos los que tienen el estomago para la verdad, pues, si la verdad es libertad muchos prefieren la comodidad de la ceguera ¿y por que no?, a fin de cuentas, solo se trata de encontrarle sentido a nuestra rutina y nada más. Al principio, no pude bien distinguir que era “eso” que estaba en la cima, tras el árbol y junto a la piedra; posiblemente, entre todos ellos confabularon para que no me diera cuenta. El árbol con su sombra, la cima por lejana y la piedra…por estar ahí para distraer mi cansada vista. Tras algunos pasos temerosos finalmente lo pude distinguir: era una tumba…la mía. Nada en realidad elegante u ostentoso, solo mi nombre y fecha de muerte. La fecha de nacimiento sin embargo estaba ausente, pues no importa cuando empezó el juego sino como terminó. Sin epitafio, sin flor, solo el nombre…pues así nos identificamos en el mundo, con nombres. Fue ahí cuando me di cuenta: ya estaba muerto.
Decidí descender, estaba un poco confundido. Me costó un poco de trabajo asimilarlo, pero finalmente me hice a la idea: estoy muerto…y no pude evitar sonreír, me habían quitado semejante peso de encima. Era domingo y dejó de llover, y yo, estaba muerto. Todo parecía en orden. Entré a mi casa y me senté en un viejo sillón a esperar al gato. El gato negro que desde pequeño me visitaba, quizás ha muerto pero en realidad no lo se. Quizás, estaba dormido cuando la muerte vino por mi…espero venga pronto, aunque en realidad no tengo mucha prisa por irme. Me faltó mucha belleza por ver, lagrimas por derramar, personas que conocer, en si…cosas que vivir. Me di cuenta, ya siendo muy tarde que deseaba mi vida, cuando ya no había más vida que vivir, pues soy viejo y estoy cercano a morir. Sin embargo, si el próximo domingo no llueve volveré a salir a dejar una flor, quizás dos, en mi tumba; si, la tumba en la cima de la montaña, atrás del árbol y junto a la piedra…un alcatraz, un nardo..tal vez una orquídea. Pues ahora, cada día es un buen día para morir…me veo y los veo y quisiera estar muerto, pues ahora lo único que tengo..es tiempo, después de todo siempre tenemos tiempo…y si no les basta mi palabra, de testigo tengo al gato, el gato negro…que quizás había muerto, sentado a mi lado, esperando…pues quisimos vivir…cuando ya no había más tiempo o al menos, así lo creímos el gato negro y yo…y ahora, no nos queda más que vivir.
-Rod-
April 18, 2006 at 3:44 am
Hola Rod,
Antes que nada, déjame decirte que esta super padre tu cuento, creo que has asimilado muy bien tu clase de filosofía, pero no sólo eso, la has hecho tuya al darle tu sello. Eso me da mucho gusto, porque la filosofía no es más que una herramienta que nos permite asimilar nuestro entorno desde distintas perspectivas, algunas más locas, otras más utiles, el punto es sacar el mayor provecho de aquellas formas de pensar. Neta espero que sigas escribiendo, porque lo haces super bien, y a la vez te invito a leer otros autores tan interesantes como Sartre o Nietzche, como por ejemplo a Camus o el mismo Gidé con su” inmoralista”, verás que tu cuento muchas similitudes con sus obras. Bueno, sólo me queda hacerte una pregunta ya que te gusta tanto el existencialismo y toda su doctrina.
¿Qué es primero la esencia o la existencia? jajajaja
Cuídate. TQM
Lili
April 23, 2006 at 5:12 am
Saludos Super Lul:
Sencilla pregunta has ante mi propuesto, es la existencia que precede a la esencia; pues al elegir, al actuar creamos y formamos nuestra propia esencia.
Espero vuelvas a este pequeño espacio
Buena noche y buena suerte
PS: El final se acerca…
Rod